martes, 14 de febrero de 2017

6.2.4. La industria de la rebeldía.

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    Finkielkraut, en La derrota del pensamiento utiliza la expresión cultura de los feelings para describir lo que él considera uno de las características definitorias de nuestra cultura actual. La cultura de los feelings es una forma acrítica de enfrentarse a la realidad. Las cosas, las acciones y las personas molan o apestan solo por la impresión que se tenga de ellas, no porque exista una reflexión acerca de su valor. Love of Lesbian o Kase.O son fantásticos o una mierda porque sí. Nadie da ninguna razón por la que lo son, o al menos ninguna razón objetiva. Lo mismo sucede con las películas o las series. ¿Por qué la primera temporada de True Detective es la leche? Y otro tanto sucede con la ropa. ¿Por qué vestirse de una determinada manera es guay y otra apesta? Con esto no se quiere decir que Love of Lesbian, Kase.O o True Detective no sean buenos, sino que se consideran buenos porque sí. Lo peor de la cultura de los feelings no esta valoración acrítica de los productos culturales, es que ni siquiera son los individuos a título personal los que deciden si algo les gusta o no. Existen una serie de popes que deciden desde sus revistas, programas de televisión o páginas web y la gran masa los sigue. Yo ahora estoy mayor y la verdad que ya no le presto mucha atención a este tipo de cosas, pero supongo que la revista Rolling Stone o la Jotdown son algunas de las que marcan tendencia. Deciden qué hay que ver, qué hay que escuchar y qué hay que opinar. Evidentemente, no todo el mundo lee estas revistas, pero entre todas contribuyen a crear un ambiente que se reproduce, se extiende y al final se constituye un estado de opinión. En este sentido, yo recuerdo un programa de MTV que había cuando yo era adolescente. Se llamaba Beavis and Butt-Head. La serie consistía en dos dibujos animados de dos adolescentes tontos americanos. Veían la televisión, fundamentalmente videos musicales, y decían todo el tiempo cool y sucks y se reían como bobos. Y ya está. Lo que molaba era cool, lo que no sucks. Esta serie, que podría ser una parodia de la cultura de los feelings, realmente creaba tendencia. 

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   Esto de la cultura de los feelings no es un fenómeno exclusivamente adolescente. Realmente afecta a todos. La moda es un ejemplo de ello. Hace varios años, en Zapeando, un programa de La Sexta, vi a uno de estos popes de la moda. Se llama Yousi y es un tipo que se las da de tener muy buen gusto. Y dijo que lo más cool era el chándal de algodón. Por supuesto, el tal Yousi no dijo por qué era estupendo. Solo dijo que molaba. Yo aluciné, porque por aquel entonces ni la última pescantina se atrevería a salir de chándal. Pero Yousi creó tendencia y hoy media España, incluso los más pijos, van con chándal de algodón. 

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No sé qué pasarela en 2012. Como se ve, van con chándal de aldondón. 

    Como digo, la cultura de los feelings no es exclusiva de los adolescentes. Solo se manifiesta con especial virulencia en ellos. Cuanto menor es la formación y el espíritu crítico de la persona, mayor es su permeabilidad a los mensajes de los medios de comunicación y la publicidad y más manipulable es. Los adolescentes acaban de empezar su andadura en la vida, así que apenas si han empezado a formar su espíritu crítico. 

    El capitalismo de consumo convierte todo en negocio. En la cultura de los feelings, donde no hay reflexión crítica, les resulta muy fácil a las empresas redirigir los gustos y deseos de la gente en su propio beneficio. Los adolescentes son el mercado perfecto. 

    Paralelamente, ya hemos visto que gran parte de la cultura adolescente está determinada por la rebeldía. Rebeldía contra una sociedad que obliga a cuerpos de hombres en roles de niños, y rebeldía contra la generación de sus mayores -especialmente sus padres- para encontrar su propia identidad. 

    Así las cosas, nos encontramos con la industria de la rebeldía. Esa rebeldía que podría amenazar de alguna forma la paz social, es redirigida por el capitalismo de consumo hacia un lugar en el que no solo no es peligrosa, sino que además le es beneficiosa. La MTV, sus series, sus películas, sus grupos de música, sus libros, sus cómics, etc les venden una falsa imagen de insumisión. Los jóvenes, empapados en la cultura de los feelings, no ven más allá que la superficie de lo que consumen. Piensan que son unos outsiders por llevar una camiseta de tal o tal grupo, pero en realidad no son más que consumidores compulsivos. Tienen la impresión de ser rebeldes, cuando un pequeño análisis detallado de su acto les demostraría que no. Pero no es esa la lógica de la cultura de los feelings. Desde luego la revolución no va a llegar porque Red Hot Chilli Peppers cante Californication ni porque Kase.O de un concierto. 


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Kase.O


   Finalmente, quisiera dejar claro que no estoy denigrando la función política del arte. Por supuesto que existe un arte de protesta y es evidente que a lo largo de la historia el arte ha servido como motor de cambio social. Solo digo que el capitalismo de consumo convierte todo en mercancía. Al hacer esto con el producto artístico, lo banaliza, lo vacía de contenido. Y así es como se lo sirve a los adolescentes. Un aspecto rebelde, pero vacío de contenido, listo para ser consumido y que la enorme rueda del capitalismo mundial siga girando. No es culpa de los artistas. En absoluto. Es el sistema el que funciona así. 




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