viernes, 29 de julio de 2016

Neotenia


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    Todo esto de la identidad cultural y la cultura en general es posible gracias a la neotenia:


    Los estudios tradicionales de hominización creían que a lo largo de los milenios de evolución de la especie humana se produjo un cambio genético que, a partir de entonces, permitió a los seres humanos la adquisición de cultura. Se pensaba que la especie humana había cruzado una especie de “Rubicón” mental al adquirir un tamaño de cerebro lo suficientemente grande como para poder adquirir y transmitir el conocimiento. Sin embargo, tal mutación genética no tuvo lugar -al menos no de manera tan drástica-. Esta mutación tardó varios millones de años en los que genética y cultura fueron avanzando de la mano, en un proceso de retroalimentación. Como no era suficiente en la Era Glacial la información genética con la que los seres humanos venían al mundo con su nacimiento, nos vimos en la necesidad de utilizar fuentes culturales, acumulando gran cantidad de signos significativos para adquirir y transmitir el conocimiento. A medida que la cultura iba avanzando, y con ella las ventajas sobre la Naturaleza, tuvo lugar una progresiva selección genética entre los que eran capaces de adaptarse a la nueva cultura. Para poder adquirir esa cultura, además del aumento del tamaño del cerebro, fue necesario que el ser humano naciese “incompleto” o “inconcluso”. A diferencia del resto de los animales, al ser humano no le basta con la información genética que posee su cerebro en el momento de nacer, sino que debe completarla a lo largo de varios años en el seno del grupo en que crece. Un perro, en cuanto nace, ya sabe casi todo lo que tiene que saber para vivir como perro. Sabe olisquear, levantar la pata, mover el rabo y prácticamente todo lo que haga un perro. Lo mismo sucede con el mono, con la serpiente o la cucaracha. Pero el ser humano no. El cerebro de un ser humano recién nacido apenas si pesa un treinta por ciento de lo que será el peso total de ese mismo cerebro cuando sea adulto. Esto provoca que los seres humanos, durante los primeros años de su vida, dependan de sus progenitores. Durante este periodo de neotenia, el cerebro sigue desarrollándose, pero esta vez en el seno de una cultura. Es decir, que los seres humanos nos “completamos” en las culturas, y no hay desarrollo del cerebro humano sin educación cultural. La neotenia es un proceso que se caracteriza por la conservación del estadio juvenil en el organismo adulto debido a un retraso pronunciado del ritmo de desarrollo corporal en comparación con el desarrollo de las células germinales y órganos reproductores que se lleva a cabo normalmente. En otras palabras: que cuando nacemos no sabemos nada, nacemos con el cerebro vacío y por eso dependemos tanto de nuestros padres. Esto, que a primera vista podría parecer una desventaja adaptativa, es justo lo contrario, ya que nos permite llenar el cerebro con muchísima información que, en ningún caso, podría estar grabada de antemano en nuestro ADN.


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   En términos evolutivos humanos, la adopción de una postura erecta supuso acortar el periodo de gestación a unos nueve meses aproximadamente. Esto implica que, en el momento del parto, el ser humano nace incompleto, por lo que nuestro período de dependencia de los progenitores crece exponencialmente en comparación con otros mamíferos. Durante ese periodo, ese cerebro vacío e incompleto va llenándose con cultura. Ciertos antropólogos han explicado esta dinámica por medio de la metáfora de una computadora. En el momento del parto, el cerebro humano es como un hardware, lleno de posibilidades, pero sin ningún instrumento que le permita llevar a cabo acciones concretas. Esta tarea está reservada para el software que, en términos humanos, sería la cultura.

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