viernes, 24 de octubre de 2014

Vanidades como bolas de nieve. Sexta parte.




        Una historia antigua:

     Quizá la cita más célebre de Nietzsche sea aquella de que Dios ha muerto. Es una afirmación compleja con la que, entre otras cosas, nos quería decir que a finales del siglo XIX se estaba dando un cambio en la forma de pensar. El viejo sistema feudal en donde cualquier fenómeno se explicaba en función de un plan divino, se estaba sustituyendo por la razón y la ciencia. Todos los sistemas de pensamiento llevan asociados una moral. Con el cambio de paradigma, la vieja moral de alma se ha sustituido por la moral de cuerpo. Para muestra un botón:

      Hoy me encontraba fisgando por internet en la sala de profesores. Entra un compañero. Llamémosle David. Es gordito, tiene gafas y es aficionado, además de a decirle a la gente como tiene que vivir, a los cachivaches tecnológicos.
      -Tengo algo que enseñaros. Tengo algo que enseñaros. Tengo algo que enseñaros.
      David da saltitos de un lado a otro con un cd que nos enseña a todos.
      El resto de profesores, unos diez, se arremolinan a su alrededor. Yo me hago el longui.
      -Sólo dura diez minutos. Sólo dura diez minutos. Sólo dura diez minutos.
     David capitanea a los profesores hasta los ordenadores. Yo sigo curioseando por internet como si no me hubiese enterado de nada. David introduce el cd en uno de los ordenadores.
      -Es el anuncio que hicimos con los de segundo.
      Tomo nota mentalmente. David me coge del hombro y me pregunta:
      -¿Tú no lo quieres ver?
      Planteado de esa manera, no le puedo decir que no. David coge una silla para mí y me sienta al lado de la de mate. La sala de cine improvisada consta de tres filas de sillas frente a un ordenador.
       Comienza la reproducción.
      El video es una soflama antitabaco que van a mandar a un concurso de educación en valores de la Xunta -concurso que estoy convencido de que van a ganar-.
       La película empieza con una pareja de adolescentes echando un cigarrito en un banco. David ha tenido la ocurrencia de escoger a la cachonda y el popular de clase para hacer de protagonistas. De fondo suena una musiquita y una letra coreada que no consigo entender. Luego hay una sucesión de escenas en la que la guapa pareja fuma en situaciones diversas. Dato importante: siempre están solos. Se acaba la secuencia.
      Segunda secuencia: el resto de la clase está bailando en un pub. Saltan, ríen y lo pasan bien. No se ve un cubata ni un cigarrito por ningún lado. El locus amoenus tiene un airecillo cristiano que tira patrás. La musiquilla sigue sonando, cada vez más alto.
      Tercera secuencia: la pareja de fumadores entra, cada uno con un Marlboro en la mano. De repente, la música cesa. Los chavales se dejan de divertir. Las sonrisas desaparecen de las bocas y se hace un silencio sepulcral. Algunos señalan a los recién llegados. Hay un mal rollo en el ambiente que te cagas. Es como si un pederasta asesino hubiese aparecido en una guardería. Los fumadores recién llegados miran a sus compañeros de clase con rostro desafiante, pero no pueden con las miradas inculpadoras del resto y acaban marchándose. La puerta se cierra tras ellos y la música vuelve a sonar. Con ella, reaparecen las sonrisas y las conversaciones alegres.
      Cuarta secuencia: la pareja aparece sola de nuevo. Discuten. La música ha cambiado. Es triste. Se pelean y ella llora. Él le da una patada a una valla de obra que cae. A esta escena le siguen otras tantas similares. Al final, ella se acaba hartando de tanto llorar y se va.
      Quinta secuencia: ella tira el malvado cigarro y entra de nuevo en el pub en el que bailaban sus compañeros. Todos se giran hacia ella. En su mano ya no está el infame pitillo. La acogen con gritos de bienvenida, la abrazan, la besan y la acaban manteando. -literalmente-.
      Sexta secuencia: sólo queda un fumador. Pero esto no es como Los Inmortales de Cristopher Lambert: aquí no puede quedar ninguno. Se le ve paseando por las calles con actitud de perro abandonado. Os ahorro todo el via crucis. El caso es que acaba entrando en el pub. De nuevo vuelta a parar la música y todo eso. Trae un cigarro en la mano. Mira a sus compañeros y mira el cigarro. Una vez, dos veces. Hay un momento de duda existencial, como en Hamlet. Al final tira el cigarro con un ademán de desprecio. El gesto es acogido por sus compañeros como un gol de su equipo en el último minuto y lo reciben en el seno de la comunidad como al hijo pródigo. La exnovia exfumadora se adelanta y se reconcilian. La música suena a todo trapo. Entonces aparece la letra en la pantalla. Es algo así:
soy el más guapo
soy en más popular.
las venas flipan cuando me ven entrar
mato a los pulmones sin compasión
te engaño como una serpiente
para destrozar tu vida sin que lo sepas.
mi nombre es cigarrillo
y no me debes probar.

-obvio el análisis de crítica literaria de los versitos-.

      Flipo tanto que sólo acierto a decir:
      -Joder, pero los fumadores no somos los judíos del gueto de Varsovia.
      David me mira mal. Espero que alguien se sume a mi protesta. Nada. Estoy solo.
      -Te ha quedado fenomenal.
      -Es una maravilla.
      -Adorable.
      -Ellos están genial.
      David tiene algo más que decir:
      -Algunos padres dirán al ver esto "¿pero vosotros qué hacéis en clase?" Me da igual. Ellos no saben el valor pedagógico que tiene todo esto. El bien que les hace.
      Se oyen comentarios entusiastas.  
     -Tienes razón.
     -La gente no sabe educar a sus hijos.

1 comentario:

  1. Por muy buena intención que tenga el "anuncio", creo que es desacertado: más que nada, porque ponen al fumador como un apestado; se centran en el rechazo social que pueda tener el fumador, y no en los problemas de salud que derivan del fumar.

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