miércoles, 29 de octubre de 2014

Vanidades como bolas de nieve. Séptima parte.



          Hace años se me dio por la filosofía de la ciencia. Sólo como diletante, nada serio. Lógicamente, hube de pasar por La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Khun. El libro es más o menos interesante, pero creo que hasta hoy no había entendido realmente de qué hablaba cuando se refería a los diferentes paradigmas como discursos inconmensurables entre sí.
Estamos en una junta de evaluación, discutiendo las notas y todo eso.
Tutoría de 2ºb. La tutora sale a la palestra. Es la de gallego.
-Yo querría comenzar hablando de Liao. Porque creo que la problemática de este chico conviene atajarla cuanto antes.
Nota: Liao es el chino, conocido mundialmente como "chanchullo". No tiene ni puta idea de español, inglés, francés, ni ninguna otra lengua civilizada. Del gallego, por supuesto, no ha oído hablar en su puta vida.
Toma la palabra otra de gallego. Llamémosle Luz. Es una pesada que le encanta oírse hablar, así que, en cuanto puede, toma la palabra para soltar la parrafada padre. Generalmente sus discursos carecen de referente real. Son una sucesión de significantes sin significado. Pero esta vez tiene algo que decir. Quiere que los jefes de departamento de castellano y gallego le den clase a Chanchullo de español y gallego para extranjeros.
-Y esto forma parte del proyecto lingüístico de centro. Creo que habría que incorporarlo como una medida de atención a la diversidad....bla... bla... bla...
Yo, que estoy a punto de dormirme, le pregunto a mi jefe de departamento cuándo van a dar las clases.
-Horas extras. -me dice él
-Gratis. -añado yo.
-Sí. -confirma él.
Tengo otra pregunta.
-¿Luz es la jefa de departamento de gallego?
-No.
El debate sobre Chanchullo se prolonga durante un cuarto de hora.
Es el momento del cura. Hasta el momento había estado roncando -literalmente-.
-Cago en la puta. Vaya lío que tenemos montado por un chino. Y eso que es uno solo. ¿Qué va pasar cuando vengan todos? Porque son muchos, eh. Y los vamos a tener aquí. Que son muchos chinos...
La tutora, que había estado leyendo en la junta anterior un manual para evitar el uso machista del lenguaje, toma de nuevo la palabra.
-El chino tiene nombre. Se llama Liao.
Pero al cura todo eso se la trae al pairo.
-Bueno carallo. –repone- ¿Es chino o no es chino? Yo no sé cómo se chama el chino, así que es el chino y punto. Ya no tengo edad para aprender chino. Ling, tong, tang... ¿Qué carallo importa? Es el chino. -todo esto lo dice sin alterarse, como si fuese una verdad tan evidente como los diez mandamientos.
La tutora dice no sé qué rollos de no clasificar a la gente por nacionalidades porque eso contribuye a crear estereotipos, como si ella no fuese un estereotipo de los pies a la cabeza.
El cura no entiende absolutamente nada de lo que le dice y suelta la traca final.
-Porque ahí son caníbales. Se comen a la gente. Sí, sí. Se comen a la gente. Los paganos son así. Perros y gente. Se lo comen todo.

Como era de esperar, a la tutora casi le da un ataque de apoplegía.

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