martes, 4 de marzo de 2014

Contra el concepto de no lugar

     La primera nota la tomé hace tres meses, en Febrero. La segunda hace sólo unos días. La relación entre las dos es evidente. La globalización aleja a los individuos de sus relaciones próximas y, por tanto, de su identidad. Sin embargo, las profecías distópicas que auguraban un nuevo mundo de autómatas fabricados en serie por los medios de comunicación de masas no se cumplieron. Las personas, para serlo, necesitamos anclaje. De ahí estos movimientos de reivindicación de lo local. Pero, al mismo tiempo, hay algo extraño en esta relación. Al igual que en el cuento de Borges Historia del guerrero y la cautiva, estas son dos historias similares, pero no paralelas. Son más bien como el reflejo en un espejo.

     Nota de Febrero:

    El viernes hay una actividad extraescolar. Vamos a recorrer el casco viejo de Vigo utilizando los edificios y los lugares más representativos como excusa para contar la historia de la ciudad. La actividad ha sido organizada por Braulio que, lógicamente, es profesor de historia. Braulio es un producto típico de la transición. Va siempre desaliñado, hace documentales y, en lugar de evolucionar de estudiante reivindicativo a maduro conservador, se mantiene firme en su personaje de profesor ácrata. Además de todo esto, sabe un montón de historia de Vigo, ha escrito un par de libros sobre el tema y hasta ha hecho algunos trabajos para el Ayuntamiento.
Ayuntamiento de Vigo.
La imagen habla por sí misma.
    Salimos del instituto a las nueve y media. Vamos caminando hasta la parada de bus. No contaré nada de los terrores del transporte público. Eso pertenece a mi intimidad y no a los sujetos objeto de estudio. El caso es que a las diez y cuarto estamos en la Plaza Mayor. En cualquier ciudad europea el Consistorio es un elegante edificio histórico. En Vigo no. Es una puta mierda de los años setenta. Pero a la izquierda tiene una vieja panificadora abandonada. Por ella empieza la disertación de Braulio. Luego nos adentramos en el casco viejo y comienza una interminable caminata por unas cuestas empinadísimas. Braulio nos lo explica todo y yo jadeo y sudo y escucho cuando puedo. Al fin, a eso de la una de la tarde Braulio decide dar por terminada la visita guiada.

Vista del Berbés
     Estamos en el barrio del Berbés, con sus casitas con soportales donde los pescadores de antaño atracaban sus barcas. Todo tendría un airecillo bucólico si no fuese por un espantoso mamotreto de hormigón que hay a la izquierda, justo al lado del mar, que, por cierto, no deja ver. Es un centro comercial de color gris y negro con un puente de hierro que lo une con la zona vieja -supongo que el arquitecto habrá querido hacer una sutil metáfora sobre la conjunción de la tradición y la modernidad-. Braulio da unos gritos para convocar a la gente.

Mierda horrenda que no deja ver el mar.
-Bueno. -dice- Ahora tenéis una hora y media libre. Nos vemos aquí a las tres menos cuarto.
    Entonces los alumnos salen en estampida y se meten en el centro comercial. Braulio menea la cabeza abatido.

    -La educación ya no es como antes.
    Yo me siento a su lado y trato de consolarlo. Tal vez apelar a la venerabilidad histórica para relocalizar la identidad de chavales de diecisiete años no haya sido buena idea.



Otra perspectiva de la mierda horrenda.

Sutil metáfora de tradición y modernidad.

   
Segunda nota:

    Las actividades extaescolares del instituto no se limitan a ir a ver una aburrida obra de teatro de actores aficionados y visitas al museo de las ciencias. La nueva consiste en el "Roteiro por el Coia", es decir, darse un garbeo por el barrio. Al principio esta actividad me parecía una chorrada, porque el barrio es bien feo, como corresponde a cualquier ensanche de los años 60-70. No me podía imaginar qué les podía contar la profesora.
    -En este hipermercado tan feo y todo lleno de yonkis es donde vienen vuestras madres a comprar patatas.
o
    -Vuestros padres se emborrachan en ese bar que huele a pis.

    Pero no. Resulta que la actividad fue un éxito rotundo. Lo pasaron pipa reconociendo los descampados donde jugaban al fútbol o los bancos del parque en los que pasan la tarde fumando porros.

Hipermercado donde se compran patatas.

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