miércoles, 14 de febrero de 2018

Anthony Giddens: Consecuencias de la modernidad.


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     Giddens empieza el libro definiendo esa modernidad  de la que analizará sus consecuencias. Según él, la modernidad es una forma de vida y de organización social que surge en occidente a partir del siglo XVIII. 

Sección 1


    1) Discontinuidades de la modernidad: 

   Las instituciones sociales modernas se diferencian delas tradicionales en:

   -  El cambio en las instituciones modernas es mucho más rápido que en las tradicionales. 

   - La revolución de los medios de comunicación y transporte hace que el mundo entero esté interconectado. La consecuencia de ello es que las transformaciones no se den en un único lugar, sino que las consecuencias de cambio local se extienden a la práctica totalidad del globo. 

   - La aparición de los estados nación.

   - La producción a partir de fuentes inanimadas de energía. 

  - Mercantilización de la producción y del trabajo asalariado. 

    2) Seguridad y peligro, fiabilidad y riesgo.

    Gracias a los avances científicos, técnicos, políticos, etc... los seres humanos en la modernidad gozamos de vidas más seguras. No padecemos altos porcentajes de muertes durante el parto, las plagas no diezman a la población, la guerra ha dejado de ser un estado permanente, no hay que temer que una mala cosecha mate de hambre a la mitad de la población, etc... Sin embargo, la modernidad ha traído nuevos riesgos de destrucción del planeta. El ecosistema está a punto de colapsar, han surgido los totalitarismos políticos, el colapso de la economía deja a grandes masas de la población fuera del sistema sin poder asegurarse los medios para sostener las condiciones materiales mínimas, necesarias para la supervivencia, se ha industrializado la guerra -con lo que la capacidad de matar ha aumentado muchísimo-, se ha inventado la bomba nuclear, etc...

   3) Sociología y modernidad.

    Giddens considera que las teorías sociológicas clásicas son insuficientes para explicar la modernidad. Marx se limitaba a enfrentarla desde el capitalismo, Durkheim desde la industrialización y Weber desde la racionalización. En opinión de Giddens los medios para sostener las condiciones materiales mínimas, necesarias para la supervivencia.

    Tampoco cree útil el peso que se le da al concepto de sociedad, ya que se trata de un concepto reificado, ni el planteamiento de Talcott Parsons que pretende que la sociología identifique las razones por las cuales las sociedades se mantienen ordenadas. Giddens cree que el objetivo de la sociología ha de ser desentrañar cómo es que las sociedades se cohesionan en el tiempo y en el espacio. 

    Tampoco cree que la sociología pueda predecir el comportamiento de las sociedades y controlarlo porque el conocimiento sociológico difiere del de otras ciencias. Aún así, sostiene que la sociología sí tiene un impacto práctico. 

    Giddens sostiene que la naturaleza dinámica de la modernidad es resultado de la separación entre espacio y tiempo, el desanclaje de los sistemas sociales y el reflexivo ordenamiento y reordenamiento de los factores sociales.


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Giddens

    4) Modernidad, tiempo y espacio.

    En las sociedades tradicionales el tiempo se medía en  función del espacio -posición del sol, por ejemplo-. Pero en el siglo XVIII se inventa el reloj, que pronto se extiende a toda la población. Esta máquina permite separar el tiempo del espacio. Paralelamente se unifican internacionalmente los calendarios. Giddens habla de "vaciado temporal" en el sentido de que la medición del tiempo se convierte en algo abstracto, sin contenido. 

    El espacio también se vacía. En las sociedades tradicionales las relaciones tenían que ser cara a cara, es decir, tenían que ser locales en el sentido de que tenían que compartir un espacio común. Ahora no. Así se separa el espacio del lugar. 

    El vaciamiento del espacio y del tiempo provoca:

   - el desanclaje de las instituciones sociales.

   - la organización racionalizada de las sociedades (Giddens pone como ejemplo los horarios en las estaciones de trenes). 

    - la historicidad. 

    5) Desanclaje:

    El desanclaje consiste en despegar las relaciones de los contextos locales cara a cara y recolocarlas en indefinidos intervalos espacio temporales. 

    Hay dos mecanismos de desanclaje:

    a) Las señales simbólicas, que son medios de intercambio. Giddens pone como ejemplo el dinero, que permite "desanclar" los intercambios. 

    b) Los sistemas expertos:    En las primitivas tribus de homínidos todos los miembros sabían hacer más o menos de todo. Los primeros australopitecus ya sabían subirse a los árboles, buscar frutos y brotes comestibles y ponerse a chillar si veían a algún depredador potencial. Pero empezó la epopeya de la evolución y, con ella, el reparto del trabajo. Unos se especializaron en cazar y otros en recolectar, unas en la crianza de la prole y otros en guerrear. Y, poco a poco, a medida que las sociedades iban creciendo y se iban haciendo más complejas, sus miembros se especializaron en una actividad concreta cuyos frutos intercambiaban por otras cosas. Así surgen los campesinos, los gobernantes, los médicos, los profesores, etc… Los sistemas expertos son las instituciones que se encargan de gestionar estos saberes especializados. 

    A estos dos mecanismos de desanclaje conjuntamente Giddens los llama sistemas abstractos. 

    Tanto sistemas expertos como señales simbólicas se basan en la fiabilidad. El que usa dinero confía en que los demás respetarán su valor. El usa un sistema experto confía en la buena voluntad del experto y que no lo va a engañar. 

    6) Fiabilidad:

    Nos fiamos de las señales simbólicas y de los sistemas expertos no porque pensemos que son buenos y tienen buenas intenciones, sino en virtud de unos principios que ignoramos. 

    7) La índole reflexiva de la modernidad:

    La rutina de la vida cotidiana no tiene ninguna conexión intrínseca con el pasado como sucedía en las sociedades tradicionales. La modernidad es reflexiva porque las prácticas sociales son examinadas constantemente y reformadas a la luz de nueva información sobre esas mismas prácticas. Al tiempo que nuestro mundo está constituido a través de un conocimiento reflexivo, nunca podemos estar seguro de que ese conocimiento es verdadero y definitivo. 


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    8) Modernidad o Posmodernidad:

    Giddens no está de acuerdo con aquellos que trazan una frontera entre modernidad y posmodernidad como dos periodos históricos diferenciados. En su opinión, esto que llamamos posmodernidad no es más que un periodo en que las se radicalizan y universalizan las consecuencias de la modernidad. 

    Para Giddens la posmodernidad no es más que el fin de los grandes sistemas filosóficos y la estabilidad del conocimiento. Ya nada puede saberse con certeza.

  A diferencia de las sociedades tradicionales, nuestro conocimiento se orienta hacia el futuro. 


Sección 2

    1) Dimensiones institucionales de la modernidad:

   Las cuatro dimensiones institucionales de la modernidad son 

    - capitalismo, 

  - vigilancia: los estados tienen el uso exclusivo de la violencia), 

   - poder militar: cualquier pequeño estado puede tener un gran ejército y la carrera armamentística ha evitado la guerra debido al efecto disuasorio de la destrucción total del planeta), 

   - industrialismo: en las sociedades tradicionales la relación entre el hombre y su trabajo estaba determinado por la naturaleza. En las sociedad moderna hemos creado entornos artificiales que nos alejan del entorno natural. Asimismo, el industrialismo moderno se caracteriza por el control de la naturaleza y una alianza entre ciencia y tecnología que se expresa como un desarrollo inusitado en la eficacia alcanzada por las maquinarias, herramientas y técnicas de producción. 

   2) La mundialización de la modernidad

    El capitalismo se ha extendido por todo el mundo, estableciendo un reparto y unas relaciones desiguales. 

   3) Relaciones internacionales y teoría del sistema mundial:

    En este punto sigue a Wallerstein y su sistema mundo. Hay un centro, que identificamos con el primer mundo y una periferia, el tercero. El tercer mundo se ha incorporado al sistema capitalista mundial de forma dependiente su estructura política no permite la consolidación de un Estado relativamente estable y tienen como denominador común las condiciones de pobreza elevadísimas por sobre la población en general. Entre el centro y la periferia, hay una semiperiferia que está formada por aquellos países que entran en relación directa con el Capital transnacional y representan Estados relativamente “consolidados”, además se constituyen como un lugar de interés para las inversiones provenientes desde el “centro”, la expansión de su mercado, industrias, influencia diplomática, etc.. 


Sección 3


   1) Fiabilidad y modernidad:


    Los compromisos de presencia se refieren a las relaciones de fiabilidad sostenidas por o expresadas en las conexiones establecidas dentro de las circunstancias de presencia mutua. 

   Los compromisos de ausencia conciernen al desarrollo de la fe en las señales simbólicas o los sistemas expertos

   Reanclaje: Los seres humanos nos resistimos a las relaciones desvinculadas

   La variedad de encuentros que conforman la vida cotidiana dentro de los anónimos escenarios de la actividad social moderna, está sustentado en primer lugar, por lo que Goffman llama la desatención cortés. La desatención cortés consiste en que las personas desconocidas, cuando se encuentran en el metro, por la calle, en una sala de espera o donde sea, actúan y mandan señales inequívocas de que no se prestan atención unas a otras, de que se ignoran, que no tienen interés en el otro. 

   2) Fiabilidad de los sistemas abstractos:
  
 Como dije antes, los sistemas abstractos son despersonalizadores, las interacciones en ellos son anónimas. No hay relación personal entre los usuarios y las personas que ejercen de punto de acceso a los sistemas abstractos. Si no fuese por la fiabilidad de la que hablamos antes, las personas desconfiaríamos de dichos sistemas. La separación entre espacio y tiempo propia de la modernidad provoca el desanclaje. Este desanclaje es reanclado por medio de la fiabilidad. Sujetos extraños entre sí forman parte de un  sistema más complejo de relaciones relativamente fiables. El sujeto confía en que el experto conoce a fondo los elementos abstractos y pone en práctica su conocimiento de manera eficiente. 

    Con frecuencia, cuando los individuos interaccionamos con los sistemas expertos, no lo hacemos directamente con ellos, sino a través de personas. Giddens llama a estos encuentros con personas que sirven como acceso a los sistemas expertos puntos de acceso. En estos puntos de acceso hay un fuerte división entre "el escenario" o "las bambalinas" o "los bastidores". Los expertos esconden a los usuarios de los sistemas lo que realmente hacen. Así reducen el impacto de los conocimientos imperfectos y la falibilidad humana, las personas profanas se sentirán más tranquilas si no son conscientes de la frecuencia con que los sistemas fallan,  

   3) Fiabilidad y competencia

    La fiabilidad de los usuarios con respecto de los sistemas expertos y los puntos de acceso es ambivalente. Por un lado solo se exige fiabilidad donde existe ignorancia, y por otro lado la ignorancia exige cautela y escepticismo. 

   Los puntos de acceso son cauces reconocidos de vulnerabilidad porque en ellos se da cierta tensión entre el escepticismo y la cautela de las personas que carecen de los saberes que ellos manejan y la experiencia profesional de esas personas que ejercen como puntos de acceso. 


   4) Fiabilidad y seguridad ontológica: 

    Las personas tendemos a confiar porque desde niños se  nos inculca. En primer lugar, hacia nuestras madres. Nuestras madres nos transmiten la confianza por encima del espacio y del tiempo al hacernos entender que separnos -distancia en el tiempo y en el espacio- no implica la desaparición del amor que nos profesa. Luego, esta confianza se nos sigue transmitiendo a través de la seguridad de las rutinas y los hábitos. Las rutinas son predecibles, lo que nos hace sentirnos seguros psicológicamente. 


   5) Lo premoderno y Moderno

    En las culturas premodernas la confianza se da en cuatro ámbitos:

  a) El sistema de parentesco, que crea conexiones sociales fiables.  

   b) La comunidad local: las relaciones que se dan el lugares sin distanciamiento espacio temporal. 

  c) La religión da seguridad a las personas acerca de su moral y sus actos.

  d) La tradición orienta el tiempo hacia el pasado. Todo se hace como se ha venido haciendo siempre y como se hará en el futuro. Daba seguridad al transmitir la idea de que presente, pasado y futuro eran continuos.

   Sin embargo, no todo era confianza y seguridad en el mundo premoderno. La Naturaleza hostil, las guerras o los miedos creados por la religión también eran fuente de inseguridades. 

    El desanclaje espacio-temporal ha trastocado la fiabilidad en la modernidad: el parentesco ya no es el que vertebra las relaciones sociales, las relaciones locales se entretejen con las globales, la religión ha sido sustituida por el conocimiento reflexivo y la tradición ha dejado paso a la mirada hacia el futuro. 
  
   Lo mismo ha sucedido con los riesgos: los peligros ya no vienen por una Naturaleza hostil, sino por el impacto del industrialismo en el medio ambiente, y el riesgo de colapso mundial por la guerra es infinitamente mayor que en el mundo premoderno al tiempo que los estados se han ido pacificando internamente. 




   En la sección cuatro Giddens estudia la transformación de la intimidad en la modernidad. A este tema dedicó un tema entero que resumiré en breve. 
   
  

  En la sección cinco analiza el carácter errático de la modernidad, sus consecuencias -el Juggernaut- y analiza lo que él llama el realismo utópico y el papel de los movimientos sociales.


   Y para terminar, en la sección seis, se plantea si la modernidad es exclusivamente occidental, ya que el estado nación y el capitalismo, aunque europeos, se han  extendido a todo el globo. 

sábado, 3 de febrero de 2018

Erving Goffman: Estigma. La identidad deteriorada.





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     Los seres humanos nos categorizamos unos a otros en función de los roles sociales que desempeñamos. Así por ejemplo, a una persona se la puede categorizar como profesor, varón, esposo, padre, amigo... Estos roles determinan el modo en que uno debe ser y debe comportarse y cómo los demás lo perciben y lo que sienten hacia él. 

    Si todo transcurre con normalidad, las personas son y se comportan de acuerdo con lo esperable de los roles que desempeñan. Sin embargo, no siempre es así. A veces, hay personas que poseen un atributo o se comportan de una forma contraria a esta normativa y así se convierten en personas estigmatizadas. Esto supone que quedan desacreditadas a los ojos de los demás. Apartarse de la norma implica el rechazo social. 

   Hay tres formas de estigma:

    a) Por pertenecer a un grupo: por ejemplo los negros o los gitanos. 

    b) Alguna característica/tara física: por ejemplo un defecto que deforma la cara (te puede faltar la nariz p.e.), ser ciego, cojo, etc...

    c) Algún comportamiento/hábito: ser drogadicto, prostituta, homosexual, etc...

    Al final del libro Goffman indica que el estigma no divide a al sociedad en dos, por un lado las personas estigmatizadas y las normales. El estigma es una cuestión de contexto. Pongo un ejemplo mío, no de Goffman:

   Un profesor de universidad gordito y feo es un gimnasio será una persona estigmatizada, ya que allí sus atributos y sus hábitos no responden a la normativa esperada. Por el contrario, en la universidad su cuerpo fofo no lo estigmatiza. Su preparación intelectual es lo que lo convierte en normal. 



    

    

miércoles, 24 de enero de 2018

La identidad en las redes sociales, una aproximación antropológica.

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    Esta breve reflexión antropológica surge como respuesta a ciertos tópicos que escucho por ahí acerca de la relación de los adolescentes con las redes sociales. 

    El primero de estos tópicos es que los chicos llevan una vida falsa en las redes. Crean un personaje a base de fotos, comentarios acerca de su vida, emoticonos, etc... Este personaje es planificado sistemáticamente desde fuera y no se corresponde en absoluto con su propia identidad. En las redes sociales se proyecta la imagen que uno quisiera ser, pero no es más que eso, una imagen y, por tanto, falsa. Esto es cierto. Creo que cualquiera que haya abierto, aunque fuera una sola vez en su vida, una red social del estilo de facebook, instagram o twitter, se da cuenta de que todos proyectamos una imagen idealizada de nosotros mismos, lo que nos gustaría ser a ojos de los demás. Como digo, esto es cierto, pero no creo que en esto internet difiera sustancialmente de lo que sucede en las relaciones humanas en las que hay contacto físico. Como demostró Erving Goffman en La presentación en la vida cotidiana, los seres humanos mandamos continuamente información a los demás acerca de nosotros mismos. Así, por ejemplo, si veo a una persona con una espalda muy ancha, los pectorales bien desarrollados y unos brazos de hierro, inferiré sin dificultad que a esa persona el gusta el deporte. Algo parecido sucedería si me cruzo con un chico con rastas, pendientes y tatuajes. Me haré una idea de cómo es su personalidad, o al menos su forma de pensar. Estaré convencido de que estará próximo a movimientos anarquistas o de izquierdas y que en absoluto será votante 
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No nos hace falta encender el micrófono para
saber cómo es este chico.
de un partido conservador estilo PP o Ciudadanos. Si, por el contrario, esa persona llevase el pelo engominado, un audi A8, una pulsera con una banderita de España y una cazadora Besltaf, pensaré que es un neocon, probablemente un empresario de éxito. Según Goffman -y en eso estoy totalmente de acuerdo con él-, las personas podemos manipular esa información para que los demás se hagan la idea de nosotros que deseamos. Me cito a mí mismo explicando a Goffman:


... la gente trata de presentar a los demás una imagen de sí misma que le sea ventajosa y, al mismo tiempo, sea creíble.  Esto sucede mucho hoy en día, con esos pelos estudiadamente descuidados y las barbas muy muy largas. Los modernillos se pasan horas delante del espejo colocándose los pelos exactamente donde deben estar para parecer descuidados y, al mismo tiempo, estar muy guapos. De este modo, cuando interactúan con alguien, transmiten la imagen de que son personas descuidadas y que su belleza es natural, sin necesidad de arreglos y aceites -lo que, evidentemente, es falso-. Lo mismo sucede con el lenguaje corporal de los políticos. Antes de los debates, hay decenas de expertos en paralenguaje y kinésica diciéndole al político de turno dónde tiene que mirar, qué cara tiene que poner, cómo mover las manos y dónde hacer pausas para que el público se haga la imagen de ellos que se desea.


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    En Facebook, Twitter o Instagram se hace exactamente lo mismo, con la única diferencia que la interacción no es directa, sino mediada por una pantalla. Por lo demás, el proceso es el mismo. Se manipula la información emitida de forma deliverada y sistemática. Quizá, en lo poco que se diferencia lo que se cuelga en instagram de cruzarte con un punkie con cresta por la calle es que en internet la relación está mediada por una pantalla, lo que nos permite una planificación y manipulación más detallada de nuestra imagen pública. Pero incluso esto no es exclusivo del siglo XXI y las nuevas tecnologías. Esto lo entendieron muy bien los gobernantes hace miles de años. Los faraones egipcios o los césares romanos ejercían el poder desde un aparato de propaganda que consistía, exactamente, en ofrecer una imagen divina de sí mismos por medio de estatuas, desfiles, etc... Y hasta me atrevería a añadir que las relaciones epistolares tan corrientes hasta nada permitían planificar nuestra imagen pública exactamente igual. 


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    El segundo tópico consiste en repetir que los adolescentes cuelgan fotos suyas que de ninguna manera se atreverían luego a ir así por la calle. Esto también es cierto. A veces me alucinan algunas de las fotos que veo por ahí. Sin embargo, me temo que esto tampoco es algo exclusivo de la red. En primer lugar, la red es una interacción mediada. El hecho de que entre los interlocutores haya una pantalla traza una frontera simbólica entre ellos, de modo que las personas se sienten menos cohibidas. Estas fronteras simbólicas no se dan solo en internet. Una de las historias de Relatos Salvajes, la película de Damián Szifron, refleja perfectamente esta barrera simbólica del espacio. La acción se precipita cuando un ricacho que conduce un Audi insulta a un señor que lleva un coche viejo y cochambroso. Si no fuese por la barrera simbólica del espacio dentro del coche, el conductor del Audi de ninguna manera insultaría al otro. En la calle, sin coches de por medio, no se atrevería a hacerlo ni loco. 

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Relatos salvajes.

    En segundo lugar, para entender que la gente se exhiba en internet de forma que de ninguna manera haría en la calle, es necesario comprender el modo en que los contextos y los espacios determinan la conducta humana, más allá de las fronteras físicas de las que acabamos de hablar. No hace falta que hablemos del coche. Basta con una actividad tan corriente como ir a la playa. En ella, los bañistas se exhiben ante los demás con unas prendas de ropa  que en poco se diferencian de la ropa interior. A nadie le extraña, ni nadie ve nada malo en ello. Pero a ninguno de estos bañistas se le ocurriría ir en calzoncillos o bragas y sujetador por la Gran Vía. Con las redes sociales sucede lo mismo. Es un contexto diferente, así que la actuación de las personas es distinta. 

    El tercer tópico acerca de las redes es la obsesión por gustar, expresada en los followers, los likes, los comentarios o el número de visitas. Esto también es cierto. Mis alumnos adolescentes se ufanan del número de followers que tienen en instagram y cuando quieren hablar bien de una persona se refieren a sus likes o sus seguidores. Bien. Otra vez sigo sin ver nada que diferencie las redes de la vida real. ¿Desde cuando a los jóvenes no les importa lo que piensen los demás, independientemente de que se exprese a través de un like, de unas palmaditas en la espalda o ser el/la popular del instituto? Ya hace veinticinco años que yo fui adolescente, pero me acuerdo perfectamente de lo que pensaba, de la tensión por ser aceptado y el sufrimiento cuando descubrías que le caías mal a tus compañeros de clase, aunque no fuesen tus amigos. 

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    Esta obsesión por gustar me lleva a la crónica de vidas intrascendentes que se suele llevar en la red y que a mí personalmente me parecen un ejercicio de soberbia -de hecho, me reí de ellas en una sucesión de artículos de costumbres a las que titulé Historia sobre nada (Primera partesegunda partetercera parte). Pero no creo que sea un fenómeno exclusivamente adolescente, sino el resultado del progreso, que nos ha llevado a tener vidas aburridas, y de una sociedad vuelta hacia sí misma. 

      El cuarto tópico es la virtualización de las relaciones, como queriendo decir con esto que no se trata de relaciones reales. Con esto no estoy de acuerdo en absoluto. Me vuelvo a citar a mí mismo:

    A Goffman le resulta curioso que el significado original de la palabra persona fuese máscara, e interpreta este significado como un reconocimiento del hecho de que cada uno de nosotros desempeña un rol y que es en estos roles donde nos conocemos a nosotros mismos. Con esto lo que quiere decir es que las personas interactuamos unas con otras. Al interactuar, lo hacemos de acuerdo con una serie de valores y normas de conducta que hemos aprendido y que funcionan un poco a forma de convención entre nosotros.

(...) 

    Por poner un ejemplo, yo, un martes de febrero, voy al instituto a primera hora. Allí me encuentro con el jefe de estudios y otros profesores con los que intercambio unas palabras y con los que desempeño el rol de compañero de trabajo. Luego me voy a clase y con los alumnos me comporto como un profesor, que no es lo mismo que un compañero de trabajo, porque no les cuento lo mismo, no digo lo mismo y, en definitiva no soy igual. Cuando toca el timbre me voy a casa donde está Ana, mi mujer, con quien soy de otra forma. Suelo pasar la tarde leyendo o trabajando y a eso de las ocho, me gusta quedar con los colegas para tomar algo en el bar. Allí vuelvo a ser otro, un amigo, no un marido, ni un compañero de trabajo, ni un profesor. Les cuento cosas que a los otros no y les oculto otras que a mi mujer confieso. No les doy besos, como a ella, pero sí a veces nos damos abrazos amistosos, cosa que ni se me pasaría por la cabeza hacer con un compañero de trabajo o un alumno. Entonces, ¿quién es Curro? ¿el compañero de trabajo? ¿el profesor? ¿el marido? ¿el amigo? 

   ¿No llevo en cada una de estas interacciones una máscara, como diría Goffman? Pues lo mismo sucede con internet. Uno exhibe una máscara, un perfil, porque adoptamos un rol, cosa que hacemos y absolutamente todas nuestras relaciones, independientemente de dónde y con quién sean. 

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    Evidentemente, en internet es más llevar este juego de la máscara y el rol hasta el extremo y que, por poner un ejemplo, un viejo se haga pasar por una chica de quince años en un chat. Es cierto. Pero no deja de ser cierto que en las interacciones fuera de la red también hay mucha gente que utiliza este juego de la máscara para engañar haciéndose pasar por quien no es. 

    Prueba de que las relaciones en internet son reales es que tienen consecuencias reales. No hace mucho August Ames, una pornstar, se suicidó por causa del acoso que sufrió en las redes por no querer rodar una escena con un homosexual sin preservativo. Hay chicos que se deprimen y pueden llegar incluso a hacer tonterías porque otros dicen o cuelgan cosas negativas sobre ellos. 

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August Ames

   El hecho de que muchas veces, los jóvenes no sean conscientes de las consecuencias que tienen sus actos en las redes. Eso es precisamente porque la planificación sistemática de la imagen, el alejamiento simbólico tras la barera de la pantalla y la máscara tras el perfil confunde a algunos y les hace creer que efectivamente, las relaciones en internet son virtuales y que, por tanto, no tienen consecuencias. Falso. Las relaciones no son virtuales, por lo que sí las hay, y deberían ser conscientes de ello en todo momento.